Geral Teoria Crísica

A la siniestra de Banksy: collage de indirectas a mis amigos y a los que no

Por Tomás Guzmán Sánchez[1]

Del meteorito a la iconoclastia, dos versiones del potlatch contemporáneo, lo que hay es un desespero profundo. Un desespero producto de la falta de organizar la negatividad. Es como si solo pudiéramos esperar resolver el estado actual de las cosas por medio del deseo por la más absoluta destrucción. Pero sabemos que de esa tarea ya se encarga el capitalismo, así que de nada sirven los actos heroicos que desvelan el funcionamiento de la maquina y que solo levantan signos de exclamación. Lo que necesitamos es, de nuevo, “hacer posible lo imposible”, que es el acto de pensar.

Textos relacionados que pueden interesarte: Brasil numa miragem argentina: coxinha coroada; Apuntes para pensar desde el exceso; A densidade e a fragilidade do mundo: Bruno Latour e o ‘afirmacionismo’ contemporâneo; La negatividad es el eje de toda posible crítica; La amistad como lo impersonal.

* * *

I

Frente a la conjura del capital, surge también el sueño de otro tipo de contracomplot: No ya una mera lectura en clave invertida sino una especie de salida a través de la autodestrucción sacrificial.

Bruno Bosteels

Debería caer un meteorito y extinguir a toda la raza humana, que es la plaga que tiene jodido a este mundo”. Con esa frase, Gregorio, un viejo izquierdista que había vivido intensamente la militancia estudiantil setentera en Colombia, terminaba un largo monólogo sobre el mundo, la izquierda y sobre mí, su interlocutor a medias. Era bastante usual últimamente escucharlo acabar cualquier charla conmigo de esta manera. Yo pocas veces podía largar alguna frase en medio de una extensa clase de teoría clásica de la contradicción.  Algunas veces, en medio de toda su rancia actitud, se volteaba hacia mí como entreviendo algo ya perdido en su vejez e imaginaba un gran complot contra el capital: la juventud, como si en mí, nosotros los jóvenes, hubieran recaído sus fracasos y a la vez la redención de sus luchas dadas por perdidas. Signado ya en esa juventud abstracta, me tornaba/nos tornábamos, en un ejército de hackers capaces de sabotear la máquina de especulación financiera. El complot contra el complot. La otra cara de la moneda, dotada de toda la sabiduría tecnológica necesaria para llamar a la interrupción por su nombre: General Intellect o cualquier cosa que nos saque de esta pasmada vida. Capaces de todo, igualmente arruinados en nuestro sectarismo individual, todos humanos, todos una plaga maldita: que venga ya ese meteorito a aplastarnos de una vez.

De hackers a aplastados por un meteorito, del complot contra el complot al complot del universo contra nuestra idiotez, ¡que pase cualquier cosa, pero que pase! Paranoia para todos, paranoia democrática, paranoia a precio de huevo, para(noia) el mundo que me quiero bajar. Claramente Gregorio no es Toni Negri ni Michael Hardt. Él, al fin de cuentas, preferiría la melancolía que la fuga; preferiría sostener en sus reproches a lo humano los reproches a sus propias luchas pasadas o presentes – da igual, ya hemos perdido el objeto amado. Al contrario de cualquier inmanencia, Gregorio sostiene en sus esperanzas un Deus ex Machina capaz de interrumpir el curso de la historia, su verdadero y más agónico final. No obstante, en sus paseos a intentar saltar fuera del surco, llevándome como el Quijote a Sancho Panza, parece resonar la ambivalencia de esta izquierda bipolar: la multitud y lo siniestro. Lo siniestro aparece como la resolución dialéctica, en Gregorio y esa nuestra izquierda, de la contradicción entre multitud e imperio. O quizá me equivoque. Quizá no sea más que el paso del ente al ser y del ser al ente. Simulacro del ser en simulacro en el desvarío gregoriano: identidad (lo humano) y devenir (aplastados por un meteorito) se han venido a encontrar.

II

El poder y el contrapoder pueden convivir durante bastante tiempo sin que el uno derrote al otro […] El poder deberá resolver sus problemas para persistir, pero el contra poder también deberá desarrollar los suyos , lo que no es una tarea fácil.

Colectivo Situaciones, en Bosteels.

Me atrevería a decir que muy posiblemente Banksy sea al arte lo que los hackers son a las ilusiones de Gregorio. Es decir, la fabulación de que alguien más hace por nosotros lo que, en realidad, desearíamos hacer. Así, en un acto que despertó la admiración de muchos, Banksy destrozó por medio de un dispositivo ubicado en el marco del cuadro una de sus obras más emblemáticas, la famosa niña con globo, que iba a ser subastada en una galería de arte. El acto, por el que el autor anónimo no recibiría un dólar, hizo que el valor de la obra subiera en el mercado especulativo del arte o en lo que se ha venido a llamar burbuja del arte. El debate rápidamente se centró en si el acto fue un genuino sabotaje (un valiente acto iconoclasta, ¿quizás el happening de un potlatch contemporáneo?) o si los de la galería sabían lo que iba a suceder. Lo cierto es que eso poco importa: Banksy es el complot.

Si hay algo que no interesa de la obra de Banksy, por lo menos en estos momentos, es su sátira gráfica al capitalismo. El autor anónimo de obras callejeras bastante renombradas ha sido perseguido desde hace un tiempo por el mercado del arte, que viene coleccionando, privadamente, obras suyas que en principio estaban ubicadas en espacios públicos, a la vista de todos. Su anonimato, al contrario de lo que se esperaría, ha ayudado a estimular la imaginación de la máquina burbuja del arte, creando un mito a su alrededor de cierto Zorro posmoderno del grafiti. Pero, a mi juicio, el anonimato de Banksy no es lo más relevante, aunque estimula la idea de que hay algo oculto que todos queremos saber pero que, en realidad, nadie quiere saber; o que todos queremos que otros sepan para que nos lo cuenten o lo guarden en secreto – al final ¿quién soy yo para saber quién es Banksy? Quizás sea el tipo de la mesa de al lado. Lo importante, juzgo, es la batalla de Banksy por desmarcarse del mercado del arte y la imposibilidad, hasta ahora, de lograrlo. Pero más importante aún es que este acto gratuito de destrucción de su obra dejó al descubierto la máquina burbuja del arte, haciendo que este principio de realidad – de sospecha de lo real – se valorizara a sí mismo aún más: el complot contra el contra complot. Con Banksy queda claro que no existe un afuera del complot y que el complot mismo es el principio capital del arte contemporáneo – lo digo porque el arte pos-vanguardista, es decir, el arte setentero y posterior, incluido el Street art, sentó como una de sus bases la fuga del mercado. De ahí la importancia del performance como aquello que era incapturable en los museos y galerías pero que no superó el registro fotográfico. De cualquier modo, frente al radiante optimismo de su acto, el de Banksy, queda la amarga sensación de que no se desinfló la burbuja del arte. ¿O será que todo es un problema de perspectiva y el signo invertido también es posible en este caso? Parodiando una cita que Bosteels hace de Imperio: «Banksy es la fuerza productiva real del Street art contestatario, mientras que la burbuja es un mero aparato de captura que vive de la sátira de Banksy al capitalismo – como dije anteriormente, un régimen vampiresco de creatividad muerta acumulada que sobrevive, en las colecciones de arte privado, de chuparle su anonimato».

No se me mal entienda, esta no es una burla ni de Negri y Hardt ni de Banksy. Es verdad que Banksy poco o nada tiene la culpa de que el mercado se ensañara con valorizar sus obras: Banksy interviene una pared  para  burlarse del capital y el capital lo vampiriza retirando la obra de allí y vendiéndola a colecciones privadas. Cualquiera podría pensar que se trata del viejo juego del gato y el ratón y, a juzgar por la opiniones divididas entre si Banksy es o no un real contestatario, esto parece tener sentido. Muchos se deslumbran porque el acto de Banksy habría puesto al desnudo el funcionamiento del complot de la burbuja a través de una jugada maestra. Otros, por el contrario, no ven en él más que un cómplice del sistema que se oculta para sacar más réditos de sus intervenciones, creando una atmosfera en donde algo pasa bajo nuestras narices pero nadie puede verlo. Cualquier argumento parece servir para justificar las dos alternativas en disputa a propósito de la figura anónima de  Banksy.

III

La economía entonces es vista como productora de síntomas y de desvíos. Ahí se define esa tensión entre la ilusión de un complot que se opone a la sociedad[…] y el funcionamiento de una sociedad que naturalmente genera un tipo de racionalidad económica que tiende a poner el beneficio, la circulación del dinero, la ganancia como formas visibles de su funcionamiento, pero que en realidad esconde una red hecha de adicciones y de ideas fijas y fetiches, de bienes sagrados y de carencia absoluta. Y esa tensión entre dos economías cruza todo el debate entre el arte y el valor.

Roberto Piglia, en Bosteels

Destruir la mercancía una vez se ha efectuado la transacción de su valor de cambio es, creo, algo que va un poco más allá de un simple potlatch contemporáneo: es un acto iconoclasta, en el sentido de destruir de cierto modo un fetiche. Ahora, ciertamente esta destrucción no obedece a una pasión por la pura destrucción, como supondría Bruno Latour, sino a un intento súper sofisticado de escape del tipo quemar billetes y lanzarlos por la ventana. Si yo fuera Banksy, como lo podríamos ser cualquiera, no dudaría en destruir esta o cualquiera de mis obras. Al final, el grafiti desafió a la pintura clásica, incluyendo el muralismo, con la convicción de que ninguna obra puede conservarse. La vida de un grafiti pertenece completamente a su destrucción. Este es su valor tanto estético como político: intervenir la calle y ser intervenido por esta con toda su suciedad. Por ello, la destrucción del objeto tornado mercancía parece, bajo el criterio del complot, una buena lección para recordarle a la burbuja que no todo le es apropiable y que el valor de una obra no se mide por el dinero que se esté dispuesto a pagar por ella. Esto no implica decir que potlatch e iconoclastia sean cosas diferentes – en este y otros casos. Ambas, sostengo, guardan un cierto lazo familiar. Este lazo podría  explicarse si tomamos en consideración la cita que Bosteels hace de Raquel Olea, a propósito de un comentario sobre la adaptación de Mano de Obra[2]:

la creación, desde el punto del poder, es el deterioro, lo inútil, algo completamente improductivo. Pero ahí  reside precisamente su poder subversivo […] la utilidad del arte consiste en esta imposibilidad de servir para nada (Olea en Bosteels, 2016: 311-312).

Bosteels, inmediatamente después, sentencia al respecto del comentario optimista de Olea: “existen al menos dos razones por las cuáles esta noción del Potlatch como un regalo inútil y desinteresado hoy solo puede nutrir falsas esperanzas” (Bosteels, 2016.Pg 312).  Bosteels apunta, primero, al abandono que el capitalismo tardío – expresión mía – hace de cualquier noción weberiana de austeridad y a la búsqueda de este capitalismo tardío de un consumo improductivo y derrochador. Segundo, para  Bosteels, releyendo a Mauss y persiguiendo la pista que le tira Piglia, “El potlatch no está fuera de la conspiración capitalista, sino que hace visible su maquinaria más íntima” (Bosteels, 2016: 313). Es más, el potlatch es la misma lógica de la máquina.

La destrucción de Niña con globo podría ser leída desde muchas de las claves que Bosteels nos brinda en el último capítulo de su libro Marx y Freud en América Latina. Quizás lo más interesante es que la virada del arte pos-vanguardista hacia la experiencia, más que hacia el objeto, explota la utilidad inútil del arte. De alguna manera, el arte actual vale, tanto para los artistas como para la burbuja, por su inutilidad: lo que se valora en el arte actual no es simplemente una pieza sino una experiencia, como lo puede ser la destrucción de una obra por parte de su mismo autor. Para el mercado del arte no es el objeto lo vendible, sino la firma que dota a la obra de una vuelta a su ser. Es más, para el mercado del arte no hay ningún antagonismo entre la experiencia de la obra y su valor monetario. De hecho, el curador de la subasta de Niña con globo decía, en alguna declaración, que Banksy tiene todo el derecho a una parte de las ganancias de su obra y que no entiende por qué no aceptarlas. Es decir, a la burbuja del arte parece no importarle – es más, parece extasiarle –que Banksy sea, en el campo del arte, el otro lado de la moneda. Pero esto no implica que la virada del arte hacia la experiencia sea algo que ya estaba incluido, de antemano, en el sistema de mercado artístico. Posiblemente los artistas deberían insistir en el abandono total de cualquier utilidad, incluso la utilidad de lo inútil. Deberían retomar aquello que en principio se negaron a abandonar de las vanguardias: dar forma a las prescripciones que nacen en el seno de las luchas. Allí ya no importa la utilidad, sino la exploración formal de contenidos emancipadores. Es posible que en Banksy exista algo de esto, pero no es posible asegurar que su obra sea la expresión de un otro posible.

IV

Del meteorito a la iconoclastia, dos versiones del potlatch contemporáneo, lo que hay es un desespero profundo. Un desespero producto de la falta de organizar la negatividad. Es como si solo pudiéramos esperar resolver el estado actual de las cosas por medio del deseo por la más absoluta destrucción. Pero sabemos que de esa tarea ya se encarga el capitalismo, así que de nada sirven los actos heroicos que desvelan el funcionamiento de la máquina y que solo levantan signos de exclamación. Seguimos tras la vitrina, aunque creamos que ya alguien ha roto el ventanal, esperando que otros hagan por nosotros, que otros opinen por nosotros, que otros piensen por nosotros, que otros sepan por nosotros, que otros y otros y otros absolutos terminen por validar nuestra posición en el mundo y, de esa forma, sentir que tenemos algo seguro – unos ahorritos, una propiedad, un trabajo –, que es mejor no pedir más y que, en última instancia, “más vale viejo conocido que nuevo por conocer”, y así hasta que Álvaro Uribe termine por matar a todos los “comunistas” de este país, reinando en cuerpo ajeno, hasta el año 3000.  Pero tampoco nos van a ser muy “inútiles”, en estos tiempos de complot, la melancolía, el nihilismo o el cinismo propio de la vida camello. El hecho de que “camellemos” y que nadie nos regale nada en esta vida no nos da derecho a ser de derecha – así nos creamos muy progres – y cagarnos en todo. Y cuando digo “todo” me refiero a las luchas nada pacifistas que se dan en este país, solo porque somos los nimierdistas sin ningún “ismo”.

Ahora bien, de mucho menos ayuda es cualquier visión puramente positiva de la superación del capitalismo y la celebración a secas de la vida, como si no nos debiéramos mover para que las cosas sucedan. Tampoco reviste ninguna “inutilidad” cuando, pasmados, creemos triunfar y nos entregamos a la dulzura del triunfo electoral – que sí, hay que disputarlo, pero  tomarse el estado no es el objetivo, sino superarlo, que no es lo mismo que destruirlo (así que tranquilos, que este no es un texto anarquista, como ya lo habrán notado).

Es verdad, no deberíamos esperar que un afuera del capitalismo venga a salvarnos. Pero, poniéndonos un poquito benjamineanos, deberíamos tomar en cuenta la siguiente consideración –  así sea como mera hipótesis: la totalidad capitalista es una totalidad en ruinas. Esta afirmación expresa, a mi juicio, que el capitalismo, al tornar ciertas vidas imposibles, hace posible que esas vidas prescriban la imposibilidad del capitalismo como sistema. Dialéctica de la contestación: lo que determina que no somos aquello que la totalidad quiere, que es necesario contestar los lugares asignados por el capitalismo para imaginar otro devenir; que no necesitamos coordenadas para ubicarnos, entre otras, porque sabemos muy bien en donde estamos. Lo que necesitamos es, de nuevo, “hacer posible lo imposible”, que es el acto de pensar.

Referencias bibliográficas

Bosteels. B. 2016. “Del complot al Potlatch”. En: Marx y Freud en América Latina: política psicoanálisis y religión en tiempos de terror. Madrid: Akal.

Colectivo Juguetes Perdidos. 2016. La Gorra Coronada: sobre el devenir voto de la vida Mula. Buenos Aires: Tinta Limón.

Notas

[1] Este texto es una versión revisada de una breve intervención en el marco del taller  prescripciones: la izquierda en el capitalismo tardío, Organizado por el Colectivo Máquina Crísica en el primer semestre de 2019. El texto está basado en la lectura del último capítulo del libro de Bruno Bosteels: Marx y Freud en América Latina: política psicoanálisis y religión en tiempos de terror y, parcialmente, en el texto del colectivo Juguetes Perdidos: La Gorra Coronada: sobre el debevenir voto de la vida Mula. El único responsable de las interpretaciones aquí hechas es el autor del presente escrito.

[2] Mano de Obra es la obra literaria de Diamela Eltit, utilizada por Bosteels para pensar el potlatch, ya que narra el derrumbe de estantería en un supermercado. Para Bosteels, la obra de Diamela recuerda de manera sutil el análisis sobre el fetichismo de la mercancía realizado por Marx (ver Bosteels, 2016).

 

O Grupo de Estudos em Antropologia Crítica é um coletivo independente que atua na criação de espaços de auto-formação e invenção teórico-metodológica. Constituído em 2011, o GEAC se propõe, basicamente, a praticar “marxismos com antropologias”. Isto significa desenvolver meios para refletir, de maneira situada, sobre os devires radicais da conflitividade social contemporânea. Delirada pelo marxismo, a antropologia se transforma, para o GEAC, numa prática de pesquisa e acompanhamento político das alteridades rebeldes que transbordam e transgridem a pretensão totalitária do modo de produção vigente e da sua parafernália institucional.

0 comments on “A la siniestra de Banksy: collage de indirectas a mis amigos y a los que no

Deixe uma Resposta

Preencha os seus detalhes abaixo ou clique num ícone para iniciar sessão:

Logótipo da WordPress.com

Está a comentar usando a sua conta WordPress.com Terminar Sessão /  Alterar )

Google photo

Está a comentar usando a sua conta Google Terminar Sessão /  Alterar )

Imagem do Twitter

Está a comentar usando a sua conta Twitter Terminar Sessão /  Alterar )

Facebook photo

Está a comentar usando a sua conta Facebook Terminar Sessão /  Alterar )

Connecting to %s

%d bloggers like this: